Personotecnia, atención y relevancia en la economía digital

Por Javier G. Recuenco9 min de lecturaLeer en X.com
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En el hilo turras de hoy, abrimos megaarco sobre Personotecnia. Traeremos un montón de voces y abriremos una ventana al state of the art de la disciplina a día de hoy, para culminar en todas las actividades que vamos a abordar alrededor de ella en un futuro cercano. Vamos allá.

Y vamos a empezar un poco por la situación que nos ha hecho volver a la mesa de diseño más de veinte años después: El repunte de la brutal crisis de la atención que nos asola, la batalla por la relevancia, el auge de la IA y los colaterales asociados:

Javier G. Recuenco @Recuenco

Mañana hablaré de esto también. https://twitter.com/GregorioLuri/status/2098274704851190120

Huelga decir que hemos hablado mucho de la disciplina en el pasado, aunque no con la profundidad que vamos a hacer ahora ni integrada dentro del ecosistema CPS. Este video tiene más de quince años. https://www.youtube.com/watch?v=F7AOPui6G-w

Para los que tengan que hacer catch up con la disciplina, en la caja de búsqueda solo tenéis que introducir "Personotecnia from:Recuenco" y os saldrá una locura de contenido. Bon appetit.

En las dos últimas décadas se ha instalado un diagnóstico cultural casi unánime: “ya no podemos prestar atención”. El síntoma se describe en las aulas, en las oficinas, en la lectura de libros y en la conversación cotidiana.

Sergio San Juan, Aprendizaje Infinito @_sergiosanjuan

Una guerra por tu atención Internet ha degenerado en un sistema controlado por grandes plataformas que viven de tu atención. El modelo de negocio es el mismo que el de la televisión: contenido en abierto y anuncios. Los creadores comparten, los seguidores acceden y los anunciantes pagan la fiesta. Las plataformas eliminan cualquier barrera para que no tengas que pensar. Miden todo para mostrarte la información más adictiva y, entre medias, colarte anuncios. Se lo ponemos fácil, cediendo todos los permisos de un ordenador de bolsillo que nos acompaña hasta al baño. Se produce una lucha encarnizada donde todo vale para conseguir nuestra atención. Los creadores se profesionalizan y siguen una estrategia. Los hay cuya estrategia es enseñar cacho. Suelen habitar Instagram y Onlyfans. También los hay cuya estrategia es crear un personaje. Sueltan barbaridades y estupideces bajo el argumento de la autenticidad. Los fans alimentan a la bestia y el personaje termina devorando a la persona. También los hay cuya estrategia es convertirse en gurú. Sientan cátedra sobre un tema, inundan las redes con anuncios y te venden su curso cambiavidas. Todo empeora porque ahora la mayoría es contenido fast-food que tardas más tiempo en leer que el último modelo de inteligencia artificial en generar. La mente, en sus divagaciones, construye una historia que empeora el problema. Cree que estás al mando, que eres tú quien elige qué entretiene tus ratos muertos. Pero no. Son los incentivos de las plataformas los que deciden qué contenidos matarán tus ratos: aquellos que te mantengan más tiempo enganchado. Por eso más de 30 millones de personas vieron en directo la Velada. Internet es el circo de nuestro tiempo.

El tiempo medio de permanencia en una misma pantalla o tarea digital ha pasado de unos dos minutos y medio a menos de un minuto. Esa cifra no es un mito periodístico aislado: forma parte de un programa de investigación de más de veinte años.

Lo que se percibe como “degradación de la capacidad de atención” no es, en sentido estricto, el colapso biológico de un órgano, sino el resultado de tres dinámicas que se refuerzan.

Primera: la atención se ha convertido en el recurso más escaso de una economía saturada de información, tal como formularon Thomas H. Davenport y John C. Beck.

Segunda: la cognición humana está orientada, por diseño evolutivo, a maximizar relevancia (máximo efecto cognitivo con mínimo esfuerzo de procesamiento), según la teoría de Dan Sperber y Deirdre Wilson.

Tercera: la industria de la comunicación ha sustituido, en gran medida, la construcción seria de mensajes relevantes por un bombardeo de personalización simulada. Esa crítica es el núcleo de mis tesis sobre la personalización fake y la necesidad de la personotecnia.

El entorno digital no ha “roto” la atención humana tanto como la ha reentrenado para operar en un régimen de relevancia barata, interrupción constante y defensa inmunitaria frente al ruido.

El resultado empírico es una atención más fragmentada, más costosa de sostener y más hostil a lo que no promete recompensa inmediata.

Conviene deshacer primero un error de diagnóstico. La comparación entre el ser humano y el pez dorado (ocho segundos frente a nueve) carece de base científica sólida. https://time.com/3858309/attention-spans-goldfish/

No hay un estudio peer-reviewed que sostenga esa cifra, ni un método validado para medir la “atención” de un goldfish en esos términos. Lo que sí existe es un cambio medible en el comportamiento atencional en entornos mediáticos.

Gloria Mark y su equipo documentaron que, en 2004, el tiempo medio de atención a una misma pantalla era de aproximadamente 150 segundos. En 2012 había bajado a unos 75 segundos. https://www.goodreads.com/es/book/show/60795084...

En mediciones posteriores, agrupadas en torno a 2016-2020 y replicadas por otros grupos, el promedio se sitúa cerca de 47 segundos.

Recuperar el hilo de un proyecto de trabajo tras una interrupción puede costar más de 25 minutos. El cambio no es solo de “capacidad abstracta”, sino de patrón de uso: más cambios de tarea, más comprobaciones de correo y teléfono, más microinterrupciones internas y externas.

Esa distinción importa. La capacidad humana de atención sostenida no ha desaparecido: sigue siendo posible leer un ensayo, seguir una partitura o resolver un problema complejo.

Lo que se ha degradado es la disposición habitual a invertir esfuerzo de procesamiento cuando el entorno ofrece, a bajo coste, estímulos que simulan relevancia.

La degradación, por tanto, es en gran medida ecológica y económica: un organismo que maximiza relevancia se enfrenta a un mercado que fabrica relevancia aparente a escala industrial. Hemos sido biohackeados.

En The Attention Economy (2001), Davenport y Beck formularon con claridad lo que el entorno posterior no ha hecho sino radicalizar. https://www.goodreads.com/book/show/475876.The_...

En un mundo de abundancia de capital, talento, ideas e información, el cuello de botella ya no es la producción de mensajes, sino la capacidad humana de atenderlos.

Definen la atención como el compromiso mental focalizado sobre un ítem informativo: algo entra en la conciencia, se le presta atención y, en su caso, se actúa.

Su “principio del déficit” es decisivo: antes de gestionar la atención hay que comprender hasta qué punto está agotada. El problema no es solo externo (cómo captar al cliente), sino interno (cómo las organizaciones y las personas deciden a qué prestar su propia atención).

La función más importante de la atención no es absorber información, sino filtrarla. Quien no filtra se ahoga. Quien filtra mal se vuelve irrelevante o se vuelve esclavo de lo más ruidoso.

Davenport y Beck anticiparon varios fenómenos que hoy son cotidianos. Primero, la personalización como palanca de captación: la investigación que citan sugiere que el narcisismo (lo que habla de “mí”) es un imán atencional potente.

Segundo, la aparición de un TDAH organizacional: demasiados mensajes, demasiadas prioridades, demasiada fragmentación.

Tercero, la previsible demanda de tecnologías y hábitos de protección de la atención: dispositivos, normas y filtros para no ser interrumpido.

La economía de la atención no es una metáfora inocente. Convierte el tiempo de foco en mercancía. Las plataformas no venden solo espacios publicitarios; venden acceso a un recurso finito y no replicable.

Cuando el modelo de negocio depende de minutos de pantalla, la ingeniería del producto tiende a maximizar interrupciones, novedad, emoción y recompensa variable. El resultado no es necesariamente que “pensemos peor”, sino que el mercado premia la fragmentación.

La degradación de la atención sostenida es, en este marco, un efecto colateral previsible de un sistema que ha encontrado en la distracción su métrica preferida, su north star.

La teoría de la relevancia aporta el mecanismo cognitivo que la economía de la atención explota. Sperber y Wilson parten de un principio cognitivo: la cognición humana tiende a maximizar relevancia. https://www.goodreads.com/es/book/show/947633.R...

Un input es relevante en la medida en que produce efectos cognitivos (actualiza creencias, permite inferencias, modifica el contexto...) a un coste de procesamiento aceptable. A más efecto y menos esfuerzo, más relevancia.

El principio comunicativo completa el cuadro: todo acto ostensivo (una mirada, un gesto, un enunciado, una notificación que se presenta como dirigida a nosotros...) transmite la presunción de su propia relevancia óptima.

El destinatario está autorizado a suponer que el estímulo merece el esfuerzo de ser procesado y que es el más relevante compatible con las capacidades y preferencias del emisor.

Esta arquitectura es extraordinariamente eficiente en un entorno de escasez informativa. En un entorno de saturación se vuelve vulnerable.

Si miles de estímulos ostensivos (alertas, titulares, clips de quince segundos, mensajes “personalizados”) compiten por la misma presunción de relevancia, el sistema atencional se ve obligado a hacer triaje constante.

El triaje favorece lo que promete mucho efecto con poco esfuerzo: sorpresa, amenaza, estatus, identidad, sexo, humor, indignación. Lo complejo, lo lento, lo ambiguo o lo que exige contexto previo pierde sistemáticamente.

La degradación de la atención puede leerse, entonces, como un desplazamiento del umbral de relevancia percibida. No es que el cerebro “ya no pueda” concentrarse; es que ha sido entrenado a esperar rendimientos cognitivos inmediatos.

Un texto de treinta páginas, una conversación difícil o un problema sin solución evidente exige mucho esfuerzo antes de producir efecto. En un mercado de estímulos que entregan microefectos a bajo coste, ese intercambio parece irracional.

La teoría de la relevancia predice exactamente ese sesgo: la atención fluye hacia lo que parece más relevante ahora.

Hay un segundo efecto, menos comentado. Cuando la presunción de relevancia se viola de forma reiterada, cuando el estímulo ostensivo resulta irrelevante, invasivo o engañoso, el destinatario no solo descarta el mensaje.

Ajusta a la baja la credibilidad de toda una clase de estímulos. El coste de procesamiento de “cualquier cosa que pretenda ser para mí” aumenta. La defensa se vuelve automática. Aquí la teoría de la relevancia se encuentra con la personotecnia.

La madre que me quiso Turra limit hits. Tengo que dividir el hilo inicial en dos o la gente se me muere. Las reglas son las reglas. Cierro con una pequeña reflexión sobre la atención, el carisma, la marca personal y la influencia que desarrollaré más en el futuro.

En tiempos de marca personal, conviene que entendamos que una cosa que la IA no proporciona, es interés, carisma, distinción, y credibilidad.

Hay gente que da igual lo que diga, da igual lo que haga, da igual lo que escriba, tan solo nos induce al bostezo.

Son letárgicos, somníferos, bradicárdicos. Incluso cuando intentan ser interesantes o alguien interesante se interesa en ellos son melatonina pura, cuando no directamente irritantes.

Hay futbolistas con carisma y futbolistas buenísimos. Futbolistas que sirven para hacer campañas publicitarias a pesar de sus lifestyles discutibles y autistas y setas que fuera del fútbol no tienen ningún interés. https://as.com/futbol/fotorrelato/los-futbolist...

La personotecnia gestiona el interés pertinente y contextual, el carisma el interés perpetuo y acontextual. Uno es coyuntural y transaccional, el otro es, hasta cierto punto, natural.

En tiempos de economía de la atención, de la caída de los influencers, de hastío hacia el flavor of the day, de reels irónicos de hazmeunafotoasí, entender como funciona de verdad la maquinita va a ser la diferencia entre la vida y la muerte. https://www.youtube.com/watch?v=RKGGyj_GRbA

Igual que si no tienes carisma no puedes fingirlo ni crearlo, si no respetas las leyes de la Personotecnia no puedes ser relevante. Como mucho puedes ser un huelebraguetas como Zucky si encuentras gente que pique en la mercancía chueca que vendes.

La Personotecnia, paradójicamente, es una de las que más se va a beneficiar de la emergencia de la IA, por razones que explicaremos a lo largo del arco.

La gente piensa que vamos de cabeza hacia el infierno Zuckerberg, y así será para los pobres indefensos, pero la gente que cuida su relevancia va a tener cada vez más armas para no tener que pasar de nuevo por las dark ages de la personotecnia en las que llevamos tres décadas.