Capitalismo de vigilancia y los años perdidos de la personalización

Por Javier G. Recuenco8 min de lecturaLeer en X.com

En el hilo turras de hoy, vuelta a los mandos del mecha y bajo la cobertura del macroarco de Personotecnia, hablaremos de los años perdidos de la Personotecnia y la tremenda oleada de delincuencia y psicopatía que se ha desarrollado al calor de estas épocas oscuras. Al turrón.

Huelga decir que hay multitud de hilos turra históricos al respecto si queréis profundizar sobre el tema y El Turrero Post es vuestro amigo. Recién actualizado por @k4rliky y la comunidad CPS. https://turrero.vercel.app/

Huelga decir que la vigilancia generalizada no arranca con los tiempos modernos, sino que hay una larguísima tradición de meternos el dedito guante mediante.

La genealogía clásica arranca con el panóptico de Jeremy Bentham (finales del XVIII): una torre central desde la que se puede ver sin ser visto.

Michel Foucault, en "Vigilar y castigar" (1975), lo convierte en metáfora del poder disciplinario moderno: la vigilancia se interioriza y el sujeto se autorregula.

El siglo XX la estrella es la escala. La Stasi de la RDA llegó a decenas de miles de oficiales y cientos de miles de informantes.

En Estados Unidos, la NSA (1952), los programas Shamrock y Minaret, el Comité Church (1975) y la FISA (1978) fijan el patrón de vigilancia de señales con supervisión judicial limitada.

El 11-S y la Patriot Act amplían el mandato; las filtraciones de Edward Snowden en 2013 (PRISM, recolección masiva de metadatos, cooperación con grandes plataformas) muestran que el Estado ya no necesita construir toda la infraestructura.

Se puede limitar a alquilarla o co-construirla con las empresas que median la vida cotidiana. Volveremos a esto en breve. El giro decisivo es corporativo.

Zuboff, en "The Age of Surveillance Capitalism" (2019), argumenta que Google, a partir de los restos del crash de las puntocom, descubre que los datos residuales de interacción ("behavioral surplus") valen más como materia prima de predicción que como mejora del servicio.

Esos datos se fabrican en “productos de predicción” y se venden en “mercados de futuros conductuales”. El servicio gratuito es el anzuelo; el negocio es anticipar y, en la fase más avanzada, modular la conducta (poder instrumentario). Facebook replica y escala el modelo.

La frase de Zuboff es precisa: el capitalismo de la vigilancia “reclama unilateralmente la experiencia humana como materia prima gratuita”. No se trata solo de espiar; se trata de que la predicción sea más rentable que servir al usuario.

Autores adyacentes completan el mapa. David Lyon habla de “sociedad de la vigilancia” ya en los noventa. Gilles Deleuze describe el paso de las sociedades disciplinarias a las de control, continuas y modulares.

El periodismo post-Snowden (Greenwald y otros) documenta la porosidad entre agencias y plataformas. El resultado es un régimen híbrido: el Estado conserva la coerción legal; las plataformas poseen la densidad de datos y la interfaz cotidiana.

Yo llevo desde principios de los 2000 argumentando que esa arquitectura narrativa es un secuestro del término, el propósito y el sentido de la personalización. https://www.youtube.com/watch?v=XBIA2Jm2KcY

En 2004 coescribo "Personalización" (Pearson), uno de los primeros libros en español sobre el tema, y acuño después la “personotecnia” como resultado de la contaminación del término por parte de los mercaderes de la relevancia. https://personotecnia.wordpress.com/2012/01/22/...

La defino como el conjunto de métodos para conocer lo suficiente del receptor y del contexto como para evitar interacciones vacías o molestas, con intercambio de valor y sin tráfico opaco de datos.

Mi crítica recurrente es que las plataformas vendieron como personalización lo que era captura de datos aleatorios revendidos a la publicidad.

Lo llamé, de forma deliberadamente cruda, “sonda anal”: la extracción íntima, no consentida en sentido sustantivo y sin reciprocidad, análoga a la sonda de las narrativas de abducción. Lo siento, Cartman.

En mis intervenciones recientes lo uso como contraste explícito: muchas visiones de futuro dependen de sustituir la sonda anal por personotecnia, y “estamos todavía muy lejos de ahí”.

Meta, en mi lectura, es una nave oportunista cuya estrategia principal es capitalizar esa sonda “by all means necessary”.

El diagnóstico histórico está en mi artículo de 2020 "Wasted years: How personalization lost 20+ years heading into the wrong direction". La tesis es que más de dos décadas se fueron en la dirección equivocada por atajos arquitectónicos: https://www.linkedin.com/pulse/wasted-years-how...

- La ola Peppers & Rogers (*The One to One Future*, 1993) aportó visión de marketing sin entrega técnica. - La ola de e-commerce (Broadvision y similares) usó la personalización como argumento de venta de software caro.

- La ola publicitaria (Google y Facebook) prometió el grial de la relevancia y entregó el “S4 nightmare” (Sniff, Store, Shake, Sell). Ben Kunz lo resumió como la “Great Pumpkin” de la publicidad: siempre a punto de llegar. https://www.linkedin.com/pulse/s4-winter-coming...

- La ola de IA temprana se apoyó en collaborative filtering y segmentaciones burdas que tocan techo pronto (el caso Netflix es el ejemplo recurrente).

Mi diagnostico era que el error no es técnico: es identificar la personalización con el mínimo común denominador (datos fáciles, perfiles débiles, contexto descuidado) y evitar el trabajo duro de taxonomías complejas, HDMs (no buyer personas arquetípicos) y zero party data.

Un ejemplo que uso es Hospitality: gestionar decenas de segmentos de ocio ya es difícil; añadir el contexto real (viaje de negocios frente a escapada romántica) cambia el problema por completo. Sin ese modelado, lo que se llama personalización es extractivismo disfrazado.

El resultado observable es un “Gran Hermano” en el que los datos se venden sin control y cada generación desarrolla un sistema inmunitario más fuerte frente a mensajes no relevantes.

Las tres reglas operativas que insisto en repetir son coherentes con esa crítica: cualquier atajo en la construcción de perfiles se paga en pérdida de precisión; cuanto más íntimo es el dato, más personal y recíproca debe ser la aproximación (sin intercambio de valor, la…

…intimidad se percibe como extractivismo); y la definición útil es conocer lo suficiente del receptor y del contexto para no producir interacciones inanes.

Zuboff describe el mecanismo económico que industrializó la sonda: el excedente conductual convertido en producto de predicción.

Yo me centro en el coste de oportunidad: los años en que la promesa de relevancia uno a uno fue capturada por ese mecanismo en lugar de construirse como personotecnia.

Ambos rechazamos el determinismo tecnológico. Zuboff insiste en que el capitalismo de la vigilancia es una creación histórica, no una inevitabilidad de los datos.

Nosotros (@uriondo) insistimos en que la IA que abarata el coste de la relación uno a uno elimina la excusa de “personalizar de mentira”, pero no corrige por si misma la arquitectura extractiva.

El estado de vigilancia contemporáneo es, en esta lectura, la suma de la infraestructura de señales del Estado post-1945/post-2001 y del mercado de futuros conductuales privado. La sonda anal es el nombre coloquial de la interfaz de usuario de ese mercado.

Los wasted years son el periodo en que se confundió esa interfaz con personalización. Obviamente, una confusión interesada, un clásico de apelación al bienestar público mientras defendemos intereses privados al que estamos tan acostumbrados.

Joder, la madre que me quiso, turra limit hits, toca otra vez dividir el post en dos. Cerramos por hoy y rematamos en la siguiente señalando a los psicópatas y sus actuaciones.

El “estado de vigilancia” no es solo el aparato policial o de inteligencia. Es la convergencia, desde finales del siglo XX, entre la capacidad estatal de observar y la extracción privada de experiencia humana a escala industrial.

La tesis de Shoshana Zuboff y la mía describen el mismo fenómeno desde ángulos distintos: ella lo llama capitalismo de la vigilancia; to lo llama, con menos eufemismo, la “sonda anal”, y sitúo en ella los “wasted years” de la personalización.

Y el paradigma ha sido trasladado sin modificaciones significativas al mundo de la IA. Lo que es, en el fondo, aparte de una actuación perezosa, una lamentable reiteración de patrones ya conocidos, con los resultados que comenta aquí mi panita @ferrenet.

Miguel A. Díez Ferreira @ferrenet

aquí tienes el artículo, me encantaría conocer tu opinión: https://www.linkedin.com/pulse/el-fiasco-de-openai-ads-y-por-qu%25C3%25A9-mvp-ya-puede-ser-un-d%25C3%25ADez-ferreira-tunce

En el campo brutal de batalla de la atención que llevamos describiendo en este megaarco, con la solución a punto de saturación, lo que debería venir a permitir por fin una personalización a escala real, será usada como arma de sondeo anal masiva.

Bastante malo es seguir con la solución reiterada ineficiente, que diría Nardone, sino que ha quedado claro que la IA será otro campo de batalla de un viejo adagio: Everything is an ad network.

Para este viaje no necesitábamos alforjas. #finhilo.

P.D. II: Mollick plantea solo de manera colateral el problema real, pero sus libros son parte fundamental del entendimiento del escenario futuro que nosotros planteamos en #PersonotecnIA: https://www.oneusefulthing.org/p/co-existence-a...

P.D. III: Dejamos para el siguiente hilo el desfile de los sospechosos habituales, pero para los que quieran adelantar trabajo, aquí tenemos un snack: https://www.goodreads.com/book/show/223436601-c...