El callejón sin salida: reinventarse para sobrevivir

Por Javier G. Recuenco8 min de lecturaLeer en X.com

En el hilo turras de hoy, de vuelta a casa post navidad, vamos a hablar de una situación crítica a la que nos enfrentamos a menudo, el cul de sac empresarial.

La metáfora me parece potente, pero en contextos empresariales tiene una serie de matices en los que me gustaría incidir.

Se refiere a una calle sin salida o un callejón ciego. Es un diseño vial donde la carretera termina abruptamente, sin conexión a otras vías, formando una especie de bolsa o saco al final.

La frase literal en francés significa "fondo de saco" o "culo de saco" (donde "cul" es una forma coloquial de "culo" o "trasero", y "sac" significa "saco" o "bolsa").

Un cul de sac empresarial es ese momento en el que hay que dar marcha atrás y encontrar un camino alternativo. Cambiar de propuesta de valor. Tomar una decisión que no nos apetece tomar, en unas circunstancias desagradables, cuando estamos sin energía.

Naturalmente, huelga decir que hemos dado un montón de vueltas a la idea de manera colateral a través de todos los años que llevamos hablando del tema. Aquí hablando de la diatriba en Facebook:

La evolución, ya sea en el ámbito biológico o económico, se basa en procesos de adaptación, competencia y renovación que garantizan la supervivencia y el progreso.

Las ideas de Charles Darwin sobre la selección natural, Joseph Schumpeter sobre la destrucción creativa y Clayton Christensen sobre el dilema del innovador forman un trío conceptual interconectado que ilustra cómo la innovación no solo impulsa el cambio, sino que lo hace…

…inevitable y necesario para evitar la extinción.

A continuación, desarrollo este enlace de manera integrada, mostrando cómo estos conceptos se refuerzan mutuamente en un marco evolutivo.

Charles Darwin, en su obra El origen de las especies (1859), propuso la selección natural como el mecanismo principal de la evolución.

En esencia, en un entorno con recursos limitados y variabilidad genética, los organismos mejor adaptados al medio ambiente sobreviven, se reproducen y transmiten sus rasgos a la descendencia, mientras que los menos adaptados perecen.

Este proceso no es dirigido ni planificado; es el resultado de la competencia implacable por la supervivencia. La "destrucción" aquí es implícita: especies enteras pueden extinguirse si no evolucionan ante cambios ambientales, como catástrofes naturales o presiones predatorias.

Darwin enfatiza que la evolución no es lineal ni progresiva en un sentido moral, sino adaptativa. La necesidad de cambio surge de la variabilidad y la presión selectiva: sin "destrucción" de lo obsoleto, no hay espacio para lo nuevo.

Este principio trasciende la biología y se aplica a sistemas complejos, como las economías, donde la competencia actúa como un filtro evolutivo.

Joseph Schumpeter, en su libro Capitalismo, socialismo y democracia (1942), introduce el concepto de "destrucción creativa" como el motor del capitalismo.

Para Schumpeter, el progreso económico no proviene de la competencia perfecta o el equilibrio estático, sino de innovaciones radicales que desplazan a las estructuras existentes.

Un emprendedor introduce una nueva tecnología, producto o modelo de negocio que "destruye" industrias obsoletas, creando riqueza y oportunidades nuevas en el proceso.

Este concepto es análogo a la selección natural darwiniana: las empresas y mercados son como ecosistemas donde la innovación actúa como una mutación genética favorable.

Las firmas que no innovan son "seleccionadas en contra" por el mercado, similar a cómo especies no adaptadas se extinguen. Schumpeter argumenta que esta destrucción es necesaria para el crecimiento a largo plazo; sin ella, el capitalismo se estancaría en monopolios ineficientes.

Por ejemplo, la llegada de los automóviles destruyó la industria de los carruajes, pero generó un ecosistema económico masivo alrededor del transporte motorizado.

Aquí, la "necesidad" radica en que la estasis lleva a la decadencia, tal como en la biología darwiniana: sin presión evolutiva, no hay avance.

Schumpeter ve al emprendedor como el agente de cambio, equivalente al "mutante ventajoso" en Darwin, que altera el equilibrio y fuerza una reconfiguración del sistema.

Clayton Christensen, en El dilema del innovador (1997), explica por qué empresas líderes fallan ante innovaciones disruptivas.

Las firmas establecidas (incumbentes) se enfocan en mejorar productos para sus clientes premium existentes, ignorando tecnologías emergentes que inicialmente son inferiores pero más accesibles y baratas.

Estas innovaciones "disruptivas" comienzan en nichos de mercado bajos y eventualmente desplazan a los líderes.

Este dilema enlaza directamente con Schumpeter y Darwin: es una manifestación práctica de la destrucción creativa en un contexto darwiniano.

Las empresas incumbentes, como especies dominantes en un ecosistema estable, se adaptan perfectamente a su entorno actual (clientes de alto margen), pero fallan en anticipar cambios disruptivos.

La "selección natural" del mercado las elimina cuando competidores ágiles (emprendedores schumpeterianos) introducen mutaciones innovadoras que capturan el mercado masivo.

Christensen destaca que este fracaso no es por incompetencia, sino por racionalidad: las métricas de éxito tradicionales (rentabilidad inmediata) las ciegan ante amenazas evolutivas.

Aquí, el dilema ilustra la necesidad de la destrucción: sin ella, las empresas se vuelven rígidas, como especies fósiles en Darwin, incapaces de evolucionar.

Uniendo estos conceptos, emerge un marco unificado donde la selección natural de Darwin proporciona el modelo biológico subyacente, la destrucción creativa de Schumpeter lo aplica a la economía como un proceso cíclico de renovación, y el dilema del innovador de Christensen…

…explica los mecanismos psicológicos y organizacionales que perpetúan este ciclo.

En los tres, la "destrucción" no es un mal evitable, sino un prerrequisito para el progreso.

Darwin muestra que sin extinción, no hay diversificación de especies; Schumpeter argumenta que sin obsolescencia de industrias, no hay crecimiento capitalista; Christensen demuestra que sin disrupción, las líderes se estancan, permitiendo que outsiders evolucionen el mercado.

Las innovaciones son como mutaciones genéticas (Darwin). Las disruptivas (Christensen) actúan como mutaciones que inicialmente parecen débiles pero se propagan rápidamente, destruyendo estructuras establecidas (Schumpeter).

El mercado o el entorno actúa como el "selector natural", favoreciendo a los adaptados.

En economías modernas, como en ecosistemas biológicos, la adaptabilidad es clave. Las empresas deben fomentar "mutaciones internas" (innovación sostenida y disruptiva) para evitar el dilema de Christensen y sobrevivir a la destrucción schumpeteriana.

En un mundo sometido a la tensión de los cinco macroatractores, ignorar esto lleva a la "extinción corporativa", similar a cómo el cambio climático selecciona contra especies no adaptadas.

Estos pensadores ilustran que el cambio destructivo es el precio de la evolución. Darwin lo ve en la naturaleza, Schumpeter en el capitalismo y Christensen en las estrategias empresariales.

Juntos, forman una tesis holística: la supervivencia depende de abrazar la innovación, no de resistirla, porque la estasis es el camino a la irrelevancia. Este marco no solo explica el pasado, sino que guía decisiones futuras en un mundo cada vez más volátil.

La madre que me quiso. Turra limit hits. Vamos a ver como cerramos esto con una cierta elegancia.

Gramsci (En muchas ocasiones me pregunto por qué no lo metí en la matriz de compra de pescado) tenía una frase estupenda:

Ha entrado en números rojos por extraordinarios, pero la realidad es que su problema es que el modelo de hipermercado ha llegado a su final por cambios demográficos, de zeitgeist... y los pivotajes cortos lógicos ya los ha hecho todos @Mercadona.

Es posible que a través de las clásicas maniobras CFO (Venta de joyas de la abuela, despidos, sale & lease back...) junto con la desaparición de los extraordinarios volvamos a ponernos en negro el año que viene, pero el problema sigue ahí mirándote con ojitos tiernos.

En la empresa familiar ocurre exactamente lo mismo, como gestionar ese cul de sac en el que te encuentras cuando te das cuenta de que eres experto en un negocio que se está volviendo irrelevante por momentos.

Todo son problemas, cunde el desánimo y la gente que (normalmente con razón) piensa que en el futuro post transformación solo le irá peor se coloca pasivo agresiva y da por el culo.

La realidad es que normalmente, cuando un fundador nos dice que está cansado, lo que suele estar cansado es el modelo de negocio.

Hay que hacer el two pronged attack de Jobs: Corta de todas partes, optimiza lo que puedas, wait for the next big thing. Usa a Mckinsey (O lijacantos similares) para lo primero y CPS para lo segundo. Empieza ya. "Wait" era una figura retórica de Jobs, que tenía 18 meses de caja.

Y hay que hacerlo en mínimos de energía, harto ya de todo, con miles de fuegos que apagar y todo el mundo pidiéndote explicaciones con mirada inquisidora.

Es intentar buscar esa último second wind, ese último momento de concentración de esfuerzos del que hablaba Kipling y de pasar el testigo a la siguiente posta.

Porque la alternativa es una lenta y dolorosa extinción. #finhilo