Obsolescencia global y reconversiones industriales: el pulso público-privado

Por Javier G. Recuenco11 min de lecturaLeer en X.com

En el hilo turras de hoy, vamos a hablar de obsolescencia en términos globales y sectoriales, y sobre reconversiones industriales, donde entra la fiesta público/privada. Me temo que serán varios subhilos, pero el que quiera payasadas ahí tiene a TVE. Al Rinchi.

Huelga decir que estamos tocando temas delicados. Asumir la decadencia de un negocio o de un sector es como asumir la alopecia o la detumescencia incipiente propia: Duro de cojones.

Sobre todo, porque se suele enfocar mal. La mayor parte de las energías se concentran en buscar culpas en lugar de asumir la realidad y ver como influenciarla. Pero como hemos dicho en reiteradas ocasiones, no se puede acusar a ningún humano de actuar de manera acorde.

La obsolescencia tecnológica, los cambios en los hábitos de consumo y las disrupciones económicas han eliminado sectores enteros a lo largo de la historia.

La invención del automóvil a finales del siglo XIX y principios del XX reemplazó casi por completo los carruajes tirados por caballos. La producción en masa de vehículos motorizados, como los de Ford, hizo que los carruajes fueran obsoletos para el transporte cotidiano.

Asimismo el pivotaje es tan viejo como la vida. Nintendo se fundó como una compañía que fabricaba hanafuda.

Empresas como Studebaker, originalmente fabricantes de carruajes, tuvieron que pivotar hacia los automóviles para sobrevivir.

Studebaker comenzó en 1852 en South Bend, Indiana, como un negocio familiar de fabricación de carruajes y carretas tiradas por caballos, fundado por los hermanos Studebaker.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, se convirtieron en líderes en la producción de carretas cubiertas, esenciales para la expansión hacia el oeste de Estados Unidos.

En 1860, producían miles de estas carretas, consolidándose como una marca reconocida por su calidad y durabilidad.

A finales del siglo XIX, Studebaker dio el salto a la era automotriz. En 1902, lanzaron su primer automóvil eléctrico y, en 1904, uno de gasolina.

Durante las décadas de 1920 y 1930, Studebaker se posicionó como una marca automotriz respetada, con modelos como el Big Six (1920) o el Commander Regal (1933).

Como hemos dicho en reiteradas ocasiones, el pivotaje, como la metáfora de la liana, el salto de la teta... teóricamente te permitiría que una empresa durase para siempre si acertaras en todos los cambios de liana, como hizo Nintendo o Nokia (Una maderera) hasta que se hostió.

Otra cosa es que en un momento dado decidas que el futuro de la compañía no te preocupa y que vas a montar este caballo hasta que reviente.

La Gran Depresión golpeó duramente a Studebaker, que se declaró en bancarrota en 1933, aunque logró reorganizarse y seguir produciendo vehículos innovadores con frenos de "rueda libre" y transmisiones silenciosas.

En la posguerra, Studebaker destacó por su diseño innovador, como el Skyway Champion (1947) y el icónico diseño de "nariz de bala" de los modelos 1950-51, creados bajo la dirección del diseñador Raymond Loewy.

En 1954, Studebaker se fusionó con Packard, formando la Studebaker-Packard Corporation, con sede en Detroit, en un intento de competir con los gigantes como General Motors (GM), Ford y Chrysler.

Sin embargo, la fusión no fue suficiente para contrarrestar la competencia y los problemas financieros. En 1959, lanzaron el Lark, un modelo compacto que tuvo cierto éxito, pero las dificultades económicas persistieron.

En 1962, la empresa volvió a llamarse simplemente Studebaker Corporation, pero las pérdidas continuaron. La producción de automóviles en Estados Unidos cesó en 1963, y la última planta en Canadá cerró en 1966, marcando el fin de Studebaker como fabricante de automóviles.

La desaparición de Studebaker es un ejemplo temprano de cómo las decisiones corporativas, la competencia feroz y la falta de adaptación a un mercado dominado por los "tres grandes" (GM, Ford, Chrysler) podían borrar del mapa a un fabricante automotriz.

Este declive prefigura las dinámicas que Michael Moore explora en Roger & Me con respecto a GM y Flint, y que también afectaron a Detroit.

Detroit, conocida como la "Motor City", se convirtió en el corazón de la industria automotriz estadounidense en el siglo XX. A principios de ese siglo, la ciudad atrajo a fabricantes como Ford, GM y Chrysler, que establecieron allí sus sedes y plantas de producción.

La invención de la línea de ensamblaje por Henry Ford en 1913 revolucionó la producción de automóviles, haciendo de Detroit un símbolo de la prosperidad industrial.

En su apogeo, en las décadas de 1950 y 1960, Detroit era una de las ciudades más prósperas de EE. UU., con una economía impulsada por los empleos bien remunerados de la industria automotriz, que sostenían a una clase media robusta.

Sin embargo, a partir de los años 70, Detroit comenzó a sufrir los efectos de la desindustrialización y la globalización. Los fabricantes estadounidenses enfrentaron una creciente competencia de automóviles japoneses y europeos, más eficientes y económicos.

Además, las empresas comenzaron a trasladar plantas a países con mano de obra más barata, como México, para reducir costes. Este proceso, combinado con decisiones corporativas cuestionables y una falta de innovación en algunos casos, llevó a una reducción masiva de empleos.

Entre 1970 y 1990, Detroit perdió población y empleos, y sus barrios se deterioraron, con fábricas abandonadas y un aumento del crimen.

En el caso de Studebaker, su breve fusión con Packard en Detroit (1954-1962) no logró salvar a la empresa, pero su desaparición fue un presagio de los problemas que enfrentarían otros fabricantes en la región.

Detroit, que alguna vez empleó a cientos de miles de trabajadores en la industria automotriz, vio cómo las decisiones de las grandes corporaciones, como el cierre de plantas de GM en Flint narrado por Moore, devastaron comunidades enteras.

En Roger & Me (1989), Michael Moore documenta el impacto devastador del cierre de varias plantas de General Motors en su ciudad natal, Flint, Michigan, en los años 80, lo que resultó en la pérdida de aproximadamente 30,000 empleos.

Flint, al igual que Detroit, era una ciudad profundamente dependiente de la industria automotriz, y GM era su principal empleador.

Moore centra su narrativa en intentar confrontar a Roger Smith, el entonces presidente de GM, para que viera de primera mano las consecuencias de sus decisiones corporativas: desempleo masivo, pobreza, desahucios y un aumento del crimen.

Aunque Roger & Me se enfoca en Flint, su historia es un microcosmos de lo que ocurría en Detroit y otras ciudades industriales de Michigan.

Moore muestra cómo GM, a pesar de obtener ganancias de mil millones de dólares anuales en ese momento, decidió cerrar plantas en EE. UU. y abrir otras en México, donde los trabajadores ganaban 70 centavos por hora.

Esta estrategia, que Moore describe con ironía como el "genio" de Roger Smith, refleja una tendencia más amplia en la industria automotriz que también afectó a Studebaker décadas antes: la búsqueda de maximizar beneficios a expensas de las comunidades locales.

Moore utiliza un estilo de documental satírico y personal, combinando humor con imágenes desgarradoras, como desahucios en Navidad y trabajadores desempleados recurriendo a trabajos precarios (como vender conejos para carne o trabajar en Taco Bell).

Su intento de entrevistar a Smith, quien constantemente lo evade, simboliza la desconexión entre los ejecutivos corporativos y los trabajadores.

En una escena culminante, Moore finalmente confronta a Smith en un evento navideño de GM en Detroit en 1988, donde Smith habla de generosidad mientras, en paralelo, se muestra el desahucio de una familia en Flint.

Esta yuxtaposición subraya la hipocresía corporativa y el impacto humano de decisiones como las de GM.

La historia de Studebaker encaja en este relato como un precedente. Aunque Studebaker no es mencionada directamente en Roger & Me, su declive en los años 60 ilustra el mismo patrón de decisiones corporativas que priorizan el beneficio sobre las comunidades.

Mientras Studebaker luchaba por competir con los gigantes como GM, su eventual desaparición dejó a South Bend en una situación similar a la de Flint y Detroit: una ciudad que perdió su base económica.

La fusión con Packard en Detroit fue un intento fallido de sobrevivir en un mercado dominado por los "tres grandes", y su colapso anticipó los desafíos que Moore documenta en Flint, donde GM, una empresa mucho más grande, también abandonó a sus trabajadores.

Detroit, por su parte, aparece en Roger & Me como el telón de fondo de las oficinas centrales de GM, donde Moore intenta sin éxito entrevistar a Smith.

La ciudad, que en los años 80 ya mostraba signos de declive, es retratada como un símbolo del poder corporativo, aislado de las consecuencias de sus decisiones en comunidades como Flint.

Moore también muestra cómo la élite de Flint, al igual que la de Detroit, permanece indiferente al sufrimiento de los trabajadores, organizando fiestas lujosas mientras los desempleados luchan por sobrevivir.

Esta brecha de clase, que Moore destaca con ironía, refleja la dinámica de desigualdad que se intensificó en Detroit tras décadas de desindustrialización.

La narrativa de Roger & Me conecta la historia de Studebaker y Detroit a través del tema central de la desindustrialización y sus efectos en las comunidades trabajadoras.

Studebaker, como un fabricante que no pudo adaptarse a la escala de los gigantes como GM, representa un caso temprano de obsolescencia en la industria automotriz, un destino que Flint y Detroit experimentarían más tarde a mayor escala.

Moore, al centrarse en Flint, no solo denuncia las decisiones de GM, sino que también anticipa el colapso económico más amplio de Detroit, que se declararía en bancarrota en 2013.

La madre que me quiso. turra limit hits. Venga, vamos a ver como cerramos esto con un poco de garbo.

La obsolescencia de los sectores suele estar impulsada por avances tecnológicos, cambios en los hábitos de consumo y economías de escala. Ocurre en todas partes y en todos los tiempos.

En el caso de España, la transición de una economía agraria a una industrial y, posteriormente, digital, aceleró la desaparición de oficios y sectores tradicionales.

A nivel mundial, la digitalización y la conectividad han sido los principales catalizadores en las últimas décadas, afectando desde la comunicación hasta el entretenimiento.

Hay sectores que se han puestos las pilas y hay sectores que se han dejado morir, hay empresas que han privotado satisfactoriamente y empresas que no han sido capaces de hacerlo.

Hay gente que decide exprimir el tema hasta que muere porque su timeline se acaba o porque no sabe hacer otra cosa. Marcas como Olivetti o Remington (la mía!) cerraron o se reconvirtieron. La última fábrica de máquinas de escribir, Godrej & Boyce en India, cerró en 2011.

Cuando nosotros trabajamos en compañías para intentan reposicionarlas o salvarlas, hay que verificar si hay que hacerlo con o sin pivotaje, y si la gente que intentas transformar está por la labor.

Conviene no ignorar que no todo el mundo es capaz de aguantar todas las gilipolleces que se dicen y las sobradas que se escuchan en un proceso de transformación. Gente expuesta al miedo o al despecho que tendrá salidas de pata de banco difíciles de gestionar.

No es un oficio agradecido, pero alguien tiene que hacerlo. Es como entrar en el mar a salvar a alguien que se está ahogando y tener que noquearlo para hacerlo.

En los próximos hilos veremos el proceso de transformación de las dinámicas en una compañía en un proceso de reconversión usando un comic imprescindible, y entraremos en casos de reconversión fallida en España y sus razones.

En realidad estamos hablando de los problemas de vida o muerte que se afrontan muchas veces ante la negación del enfermo. Lo que hace la labor del ángel de la guarda particularmente complicada.

Bueno, uno no puede diseñar su oficio totalmente a la medida. #finhilo.

P.D. I: El problema fundamenta de cuando gente como Michael Moore, Brian Talbot... cuentan las situaciones de reconversión desde una óptica concreta, es que se ahorran la otra parte de la historia porque no les encaja en el relato:

P.D. II: El ejemplo del corsé de ballena que usé en la entrevista en Kaizen con @jaime_rdes lo saqué de este cómic tremendo: