Decadencia empresarial: nostalgia, pasado glorioso y el coste humano de no adaptarse

Por Javier G. Recuenco9 min de lecturaLeer en X.com

En el hilo turras de hoy, seguimos con el arco sobre la decadencia, y hablaremos de como afecta este ciclo a las empresas, y en general de como condiciona a la gente el haber tenido un pasado glorioso que ya no existe.

Naturalmente, vamos a usar varios vehículos específicos para soportar todo el relato en cuestión. Tomad asiento, luz suave, algo fresquito y música evocadora, que empezamos.

La reflexión sobre la decadencia ha sido una constante en la historia del pensamiento humano, manifestándose en diversas culturas, épocas y disciplinas.

Este concepto, asociado con el declive moral, cultural, político o social, ha sido abordado por filósofos, historiadores, literatos y teólogos, quienes han intentado comprender sus causas, manifestaciones y posibles remedios.

Todo ser humano con una cierta historia detrás ha reflexionado sobre la decadencia y la asocia a una serie de tropos específicos.

Por ejemplo, musicalmente, todo lo relacionado a la decadencia me lleva a este clásico, en esta versión concreta.

No solo es una obra que he mencionado de pasada en muchas ocasiones por mi afición a Amadeus como vehículo de expresión del talento frustrado, sino el ejemplo perfecto de una obra que tiene que ser terminada por un tercero por la muerte del titular.

Sin embargo, cuando hablo de decadencia empresarial, creo que el que mejor ha recogido el guante ha sido el cómic. Traeré aquí varios ejemplos. En las próximas semanas, desfilarán por aquí Will Eisner, Alison Bechdel, Richard Corben y otros tantos.

Como toda arma de destrucción masiva, tiene un aspecto absolutamente inofensivo, verdad?

Como este otro cabrón.

Yo me había leído los primeros capítulos en la edición de Sinsentido del 2003, pero como suelo decir a menudo, cuando el alumno está listo, el maestro aparece. No tenía las suficientes cicatrices empresariales como para apreciarlo como era debido.

Seth me fascina porque me fascina la mirada de la gente lírica sobre los negocios. La gente sensible, la gente con talento artístico y creativo, suele tener una relación compleja con el comercio.

Hace poco un amigo extraordinariamente inteligente y talentoso me comentaba como lastimosamente había tenido que abandonar su bien pagado trabajo como teleoperador financiero porque sencillamente, no podía seguir el ritmo cognitivo que demandaba el trabajo.

Ventiladores Clyde (2019) es la obra maestra de Seth (seudónimo de Gregory Gallant) y le llevó más de veinte años completarla.

Sus reflexiones revelan tanto su proceso creativo como las preocupaciones temáticas que atraviesan su trabajo: la nostalgia, la memoria, el paso del tiempo y la complejidad de las relaciones humanas.

Seth explica que la idea de Ventiladores Clyde surgió en 1988 al observar una tienda abandonada en Toronto llamada "Clyde Fans". La atmósfera de reliquia, con muebles de los años 60 y fotos de dos hombres en la pared, lo llevó a imaginar la vida de sus propietarios.

En una entrevista con EFE, Seth describe cómo este encuentro lo impulsó a explorar "un mundo extinguido", preguntándose quiénes eran esas personas y cómo habían vivido.

Esta fascinación por los vestigios del pasado es central en su obra, y él mismo aclara que no se trata de nostalgia por su propia infancia, sino de una recreación subjetiva de los años 30 a 50, una época que estudió minuciosamente pero que no vivió.

"Me fijé en esa tienda porque tenía un cartel pintado a mano que ya era exótico en esa época. Era como de los años 40 y ya estábamos en los ochenta.

Y al mirar en el interior de la tienda era como una cápsula del tiempo... Me resultó imposible resistirme a mirar dentro y preguntarme ¿quién era esa gente y cómo fue su vida?" (RTVE, 2019).

Seth reconoce que nunca planeó que Ventiladores Clyde le tomara dos décadas. En una entrevista con Mondo Sonoro (2019), admite que inicialmente se sintió avergonzado por la duración del proyecto, evitando hablar de él porque sabía que aún le faltaba mucho.

Sin embargo, su método de trabajo disperso, alternando entre múltiples proyectos, le permitió mantener el interés. Describe el proceso como "mecánico" y subraya que su pasión reside en el acto de crear más que en el resultado final.

"Y hubo un momento en el que me avergoncé de que me costase tanto tiempo. No quería hablar con nadie sobre el tema, porque sabía iba a tardar aún más... Creo que podría deberse al hecho de que trabajo todos los días en una variedad de proyectos.

Parte de ello es que, en realidad, sólo estoy interesado en hacer el trabajo más que en el resultado final." (Mondo Sonoro, 2019).

Seth destaca que Ventiladores Clyde refleja su crecimiento como artista y persona. En El Español (2019), explica que, aunque tenía un esquema claro desde 1997, la historia evolucionó con su madurez.

La obra se benefició de los aprendizajes de otros proyectos, como Wimbledon Green, que escribió como contrapeso a la seriedad de Clyde.

Además, reconoce que los personajes de los hermanos Matchcard (Abe y Simon) son proyecciones de sí mismo, algo que no planeó inicialmente pero que se hizo evidente al finalizar.

Esta introspección añade profundidad a la obra, que él describe como una exploración de la experiencia humana y la "irrealidad de la vida".

"Es lo gracioso de hacer arte de todo tipo, que no sabes de qué se trata hasta que termina. Y luego miras hacia atrás y te das cuenta de que Ventiladores Clyde, por ejemplo, tiene mucho que ver conmigo y mi familia. Y no lo sabía cuando empecé." (Mondo Sonoro, 2019).

Seth aborda la nostalgia no como un anhelo sentimental, sino como una herramienta para reflexionar sobre el tiempo y la pérdida.

En Rockdelux (2019), aclara que su interés por los años 50 no busca recrear una realidad histórica exacta, sino construir un "mundo plausible" desde su perspectiva contemporánea.

En El Periódico (2019), vincula la decadencia de la tienda de ventiladores con la vejez y la pérdida de identidad, temiéndolas como amenazas personales. Esta conexión entre lo personal y lo universal es clave en su narrativa.

"No sé si lo seguiría llamando nostalgia. Cuando era más joven me interesaba la época en la que crecieron mis padres, de los años 30 a los 50... Ahora trabajo en una autobiografía en cómic titulada Nada dura.

Por eso, porque en la vida todo tiene que ver con la pérdida, nada se mantiene, todo va desapareciendo y genera una tristeza." (El Periódico, 2019).

Seth es conocido por su autocrítica humorística. En RTVE (2019), describe Ventiladores Clyde como "aburrido, deprimente y lento", reconociendo que no sería un buen vendedor de su propio trabajo.

Sin embargo, esta descripción irónica contrasta con su orgullo por haber completado una obra que considera su legado.

En EFE (2019), afirma que la obra marca un "antes y un después" en su carrera, reflejando su evolución hacia otras formas de arte como la pintura, la escultura y la poesía.

"Suelo decir que Ventiladores Clyde es aburrido, deprimente y lento... En las ventas uno tiene que conseguir que los demás reconozcan que lo que quiero vender es algo que ellos quieren y así conseguir que los demás compren.

Lo que he aprendido con este libro es que no sería un buen vendedor." (RTVE, 2019).

Seth confiesa que los hermanos Matchcard, Abe (extrovertido y rudo) y Simon (tímido e introspectivo), reflejan aspectos de su propia personalidad.

En El Periódico (2019), admite que inicialmente se identificaba más con Simon, pero al desarrollar a Abe descubrió que también podía canalizar su egoísmo y comportamientos negativos a través de él. Esta dualidad enriquece la obra, que se convierte en un autorretrato velado.

"Soy ambos personajes. Al principio pensé que era solo el hermano tranquilo, pero cuanto más escribía sobre Abe, que es algo cruel, brusco, abusón y agresivo... vi que en él podía volcar parte de mi comportamiento negativo y usarlo para asumir mi propio egoísmo."

Las reflexiones de Seth sobre Ventiladores Clyde muestran a un artista profundamente consciente de su proceso y sus temas.

La obra, que él considera su legado, no solo narra la decadencia de una empresa familiar, sino que encapsula sus preocupaciones existenciales sobre el tiempo, la memoria y la identidad.

Su autocrítica, su conexión personal con los personajes y su enfoque artesanal destacan en las entrevistas, ofreciendo una ventana a la mente de un creador que transforma la nostalgia en poesía visual.

La madre que me matriculó en Macroeconomía. Turra Limit hits. Mucha tela y poco hueco, como siempre. A ver como cerramos.

La reflexión sobre la decadencia ha sido un hilo conductor en la historia del pensamiento, adaptándose a los contextos culturales e históricos.

Desde las visiones cíclicas de la antigüedad hasta las críticas posmodernas, el hombre ha intentado comprender por qué las sociedades declinan y cómo enfrentar este fenómeno.

Las obras clave, desde La ciudad de Dios hasta La decadencia de Occidente, muestran una preocupación constante por la fragilidad de la civilización, pero también una diversidad de enfoques que enriquecen el debate.

En el siglo XXI, la decadencia sigue siendo un tema urgente, ahora enmarcado en desafíos globales que exigen nuevas formas de reflexión y acción.

En próximos hilos hablaremos en profundidad de nuestra relación histórica con la decadencia, de por qué ocurre siempre de manera sistemática, como detectarla y como solventarla.

La decadencia empresarial siempre suele suceder por lo mismo. Y siempre es sencillo analizarlo con posterioridad porque has tenido tiempo de lamerte las heridas y reflexionar.

Abe da una masterclass de lo que debería haber hecho y no hizo en Ventiladores Clyde. Y no lo hizo no porque sea idiota, sino porque es humano. Y porque si la gente viviera para siempre, las empresas durarían para siempre. Pero no lo hacen.

En su página 37 (edición de Sinsentido), contiene un monólogo extraordinario que resume la filosofía del libro y, tal vez, la del autor; en cualquier caso, una forma concreta y nostálgica de entender la vida: «Cuando uno se hace viejo, no cambia. No, es el mundo el que cambia.»

Explicaremos por qué en las empresas familiares los que nos hacen siempre caso son los hereus, y por qué es inútil venderle futuro a alguien exitoso que no es empresario de natural.