Mitos y leyendas: la construcción del relato en la era digital

Por Javier G. Recuenco8 min de lecturaLeer en X.com

En el hilo turras de hoy, el ultimo tidbit aislado antes de otro megaarco, vamos a hablar de un concepto que me encanta, la gestión del relato místico. The stuff of legends, biatches.

La inspiración me vino a través de un futuro episodio de @ingobernablepod que grabamos ayer ( la magia espacio temporal del podcast ) que me dejó turulato. Donde hablamos en general de como se maneja la mística sin piedad por parte de la clase política.

Nos hemos hartado de tocar el tema de una manera frontal y colateral históricamente, aunque no hemos reflexionado sobre como se crea el monstruo, por qué funciona, como el que lo usa gana...

Noto que no he escrito nada sobre Arana, los valientes gudaris y los aseados vizcaínos, pero los toros se torean de uno en uno y no se sueltan de golpe todos en la plaza.

Los seres humanos hemos construido leyendas y mitos desde tiempos inmemoriales, partiendo a menudo de hechos banales que, a través de la transmisión oral, la repetición y la adaptación, se exageran hasta convertirse en narrativas grandiosas y desconectadas de la realidad.

Este fenómeno no es casual: sirve como mecanismo para explicar lo inexplicable, reforzar la cohesión social, transmitir valores morales y lidiar con miedos colectivos.

Toca ya libro: El del folklorista Jan Harold Brunvand en The Vanishing Hitchhiker: American Urban Legends and Their Meanings (1981), donde habla de las leyendas urbanas como un tipo moderno de mito.

Argumenta que surgen de eventos mundanos (como un accidente de tráfico o un rumor de vecindario) pero crecen porque "construyen y refuerzan la cosmovisión del grupo" al que pertenecen, ofreciendo explicaciones coherentes para eventos complejos o aterradores.

Brunvand argumenta que estas historias no buscan ser "verdaderas" en un sentido literal, sino que actúan como herramientas culturales para procesar la ansiedad social, similar a cómo los mitos antiguos explicaban fenómenos naturales.

El proceso de exageración se acelera por dinámicas psicológicas y evolutivas.

Se transmiten como unidades hereditarias que mutan con el tiempo debido a "cuellos de botella migratorios, desafíos de poblaciones rivales o nuevas influencias ambientales y culturales".

Un hecho banal, como un avistamiento de un animal inusual (por ejemplo, un grulla confundida con un "Mothman"), se amplifica en relatos de monstruos proféticos porque resuena con miedos colectivos, como la muerte o lo desconocido.

Esto se ve en el trabajo de Robert Boyd y Jan Harold Brunvand en The Big Book of Urban Legends (1994), que recopila 200 leyendas ilustradas en formato cómic:

Muchos ejemplos que demuestran cómo anécdotas triviales (como un "Cadillac de cemento sólido") se transforman en horrores sobrenaturales para entretener y advertir.

El propósito profundo radica en la función social y psicológica. Karen Armstrong, en A Short History of Myth (2005), describe los mitos como "marcos para dar forma a la religión, la literatura y la ciencia temprana", arraigados en el miedo a la extinción y el ritual.

No son "falsedades" sino narrativas que extienden el alcance humano, permitiendo imaginar lo imposible.

Un paper en ResearchGate (2007), "Exploring the Nature of Myth and Its Role in Science", enfatiza que los mitos tradicionales se valoraban por su "núcleo de historia natural observada", pero se exageran para enfatizar lecciones éticas.

En esencia, estas leyendas crecen porque satisfacen una necesidad humana básica: convertir lo banal en épico para forjar identidad colectiva y resiliencia cultural.

Hollywood ha actuado como un amplificador masivo de este fenómeno mitopoético, transformando la historia estadounidense —a menudo banal o controvertida— en un tapiz de leyendas heroicas que distorsionan la realidad para promover una identidad nacional idealizada.

Una fuente básica para entender este proceso es el de Richard Slotkin en su trilogía sobre el "Mito de la Frontera" (Regeneration Through Violence: The Mythology of the American Frontier, 1600–1860, 1973)

Los westerns no solo entretienen, sino que "convierten las prácticas indígenas en herramientas de represión y genocidio", romantizando la conquista como un destino manifiesto de libertad y progreso, ignorando el genocidio nativo y la esclavitud.

Esta mitología cinematográfica ha moldeado la percepción global de EE.UU. como una nación de pioneros virtuosos, ocultando sus contradicciones raciales y coloniales.

Robert B. Pippin, en Hollywood Westerns and American Myth: The Importance of Howard Hawks and John Ford for Political Philosophy (2010), analiza clásicos como Red River (1948), The Man Who Shot Liberty Valance (1962) y The Searchers (1956)

Y las entiende como "cuentas míticas sofisticadas" del "segundo fundacional" de EE.UU.: la expansión occidental.

Estos films exageran héroes solitarios que imponen ley en un caos banal (como disputas por ganado), pero Pippin revela cómo legitiman la autoridad política al fusionar mito y historia, fomentando una lealtad nacional basada en la violencia redentora.

De manera similar, Matthew Carter en Myth of the Western: New Perspectives on Hollywood’s Frontier Narrative (2014) deconstruye la división en "clásicos, revisionistas y post-westerns".

Argumenta que todos perpetúan un "mito fronterizo" que ignora la "Nueva Historia del Oeste" —las revisiones académicas que destacan el racismo y la explotación— para mantener una narrativa de excepcionalismo americano.

Esta distorsión se extiende a la propaganda histórica. En Hollywood as Historian: American Society Through a Lens (1998), Peter C. Rollins explora cómo películas como Gone with the Wind (1939) romantizan la esclavitud como un idilio sureño.

O como The Birth of a Nation (1915) de D.W. Griffith glorifica el Ku Klux Klan como salvadores raciales, moldeando una identidad blanca anglosajona que persiste en el "mito de la Buena Guerra" de la Segunda Mundial.

Carlo Celli, en National Identity in Global Cinema: How Movies Explain the World (2011), compara esto con otros cines nacionales

Concluye que los films comerciales de Hollywood ofrecen "una imagen más verdadera de la cultura nacional" que el arte-house, pero solo porque priorizan el pulso colectivo: un EE.UU. de multiétnicos heroicos que oculta desigualdades.

Un paper en Journal of American Studies (2022), "Making Americans: Spectacular Nationalism, Americanization, and Silent Film", detalla cómo el cine mudo de los 1910-1920 usó "espectáculos de americanización" para asimilar inmigrantes.

Presenta de esta manera la nación como un crisol que borra identidades étnicas en favor de un patriotismo coercitivo.

Hollywood no solo hereda el impulso humano de exagerar lo banal en leyendas, sino que lo industrializa para forjar una identidad nacional que prioriza el heroísmo sobre la verdad histórica.

Como advierte Angela Aleiss en Making the White Man’s Indian (2005), esta mitología cinematográfica reescribe la historia nativa como salvajismo, perpetuando estereotipos que benefician una narrativa de superioridad blanca.

La madre que me quiso. Turra limit hits. Venga, resumen, al grano, cual es el punto, hazme un spoiler.

Estos textos invitan a cuestionar: ¿Qué leyendas estamos creando hoy en la era digital, y qué realidades banalizan? ¿Cuántas de las peleas actuales lo son sobre bases sólidas y cuantas son meras performances sobre relatos imaginarios?

Obviamente estamos en un campo de batalla donde la mayor parte de las historias son sentimentales y su conexión a la realidad es más que discutible. Siempre hay académicos y prensa hambrienta prestándose a justificar cualquier narrativa delirante.

De hecho la mayoría de los atributos y el propio relato de derecha e izquierda a día de hoy es más relato melancólico que realidad. Los auténticos problemas de España a día de hoy no gastan ideología alguna, aunque usan las leyendas porque conocen de su poder.

¿Cual es la aplicación de todo esto al CPS? Toda. Puro Factor X. No podemos esperar vencer un relato sentimental nunca con los fríos datos. El capó del coche. Un relato solo se vence con otro relato mejor. La izquierda ha entendido esto mucho mejor que la derecha.

Sin embargo, la mística tiene un problema: Te lleva hasta donde te lleva, para ir más allá necesitas armas de calibre superior. Es lo de siempre: O quieres solucionar las cosas o quieres dar la apariencia de que estás en ello.

Y además manipular relatos sentimentales pone en marcha fuerzas incontenibles que cuando no se ven satisfechas devoran a sus propios infelices invocadores.

El procés y su depresión postgatillazo o el doom and gloom post Brexit es lo que tenemos cuando hemos tenido aprendices de mago intentando que los mitos les frieguen el suelo.

Ojo con las leyendas que las puedes invocar, pero cuando salen del portal adquieren vida propia. #finhilo

P.D.I: He dado suficientes referencias de libros en el hilo de hoy, pero recomiendo todos los de la colección Factoid Books, no solo el de Urban Legends. Como siempre, cuando el comic es bueno, es insuperable como medio de transmisión de conocimientos. https://goodreads.com/series/145489-paradox-pre...