En el hilo turras de hoy, no toca hablar de temas serios y/o técnicos. Por segunda vez en la historia, voy a convertir el hilo turras en una elegía. En este caso dedicado a mi madre, que falleció el lunes pasado.

Así que si no queréis oír un montón de anécdotas/reflexiones random sobre ella, podéis ir a ver un montón de contenido interesante en esta misma red. No todo el mundo necesita empatizar emocionalmente con mi peli y la productividad es bien.
Qué se puede decir que no se haya dicho ya sobre todo este proceso sin repetir tropos eternos? No quiero sonar original, pero quiero que suene a mi, así que en lugar de acudir a clásicos de la literatura universal, voy a usar un montón de referencias del mundo del cómic.
De hecho en el universo del cómic ya hay un montón de ejemplos perfectos de sensaciones por las que he pasado estos días, que francamente, me parecen insuperables, así que me voy a limitar a mencionarlas y remitiros a ellas.
No hay una explicación mejor de lo que es procesar el dolor y la culpa de ver como un ser querido desaparece delante de tus ojos que Tangles: A Story About Alzheimer’s, My Mother and Me, de Sarah Leavitt.

Esta novela gráfica autobiográfica narra la experiencia de Sarah Leavitt con la enfermedad de Alzheimer de su madre, Midge, y su eventual fallecimiento.
La obra combina ilustraciones minimalistas con un relato honesto sobre el deterioro progresivo de su madre, la dinámica familiar y el duelo. Leavitt explora cómo la enfermedad transformó su relación con su madre y su propia identidad como hija y persona queer.
Mi madre tuvo tres ictus, como la canción de Mecano. El primero le quitó la autonomía de hacer lo que más le gustaba, el segundo impidió que pudiera estar en su casa con una interna, y el tercero le quitó la vida no sin antes haberle robado su identidad durante quince días.
Leavitt ha explicado que escribir y dibujar Tangles fue un acto de preservación de la memoria de su madre, pero también una forma de procesar su dolor y culpa.

En entrevistas, menciona que el proceso creativo le permitió enfrentar la pérdida de la identidad de su madre mucho antes de su muerte física, lo que la llevó a reflexionar sobre su propia identidad y activismo.
La obra también aborda su lesbianismo y cómo la enfermedad de su madre influyó en su comprensión de la familia y el cuidado.
No hemos logrado discernir si mi madre estaba con nosotros en sus últimos quince días. No podía hablar, y aunque movía con dificultad la mitad del cuerpo, no lo hacía de manera acorde a lo que le decíamos. Tampoco pudieron hacerlo los médicos.
Solo dijo tres palabras en esos quince días, y fue un día antes de morir. Me dijo, en tres intervalos de quince segundos - JAVI (Se abrió una rendija de luz) - ACERCATE (Me acerqué a ella) - MAS (Le di un golpe suave, mi cabeza con la suya)
Acto seguido, y como una especie de crueldad infinita de un niño cabrón que te enseña un caramelo para luego retirártelo, volvió a Ganímedes y no pudimos reconectar ya en ningún momento.
Según un análisis en Graphic Medicine, Leavitt sintió que el cómic le permitió contar una historia que preservaba la humanidad de su madre, en contraste con las narrativas clínicas sobre el Alzheimer.
En una entrevista para The Comics Journal (2010), Leavitt comentó: "Dibujar a mi madre en sus peores momentos fue doloroso, pero también una forma de mantenerla conmigo. Quería mostrar su fuerza, incluso cuando la enfermedad la despojó de todo".
Todos los Recuenco se han ido cabreados con su suerte. Mi abuelo quería irse a su casa, pataleó y juró, y tuvieron que atarle a la cama porque se arrancaba su sonda. 95 años. Mi madre siguió fielmente sus pasos.
"Do not go gentle into that good night Rage, rage against the dying of the light" - Dylan Thomas.
La creación de Tangles le permitió a Leavitt reconciliarse con la pérdida y canalizar su activismo hacia la visibilización de las experiencias de cuidado.
De resulta de su segundo ictus, tuvimos que internarla. Lo hicimos en Cuenca, porque el trámite de la dependencia era menos infernal que en Madrid. Durante casi dos años he ido casi todos los fines de semana, bien sea con mi mujer, bien en solitario en tren.
Mi hermano vive en Coruña. Mi hija pequeña tiene diez años y la mayor 17. Cualquier fin de semana era un infierno logístico de tenis, voleiboles, cumpleaños, eventos varios. La vida. Y eso la suya, no hablemos de la mía o la de mi mujer.
Mi experiencia de cuidado se resume en que era agotador y las circunstancias lo convirtieron en algo extremadamente frustrante para todos.
No hay una explicación mejor a lo que representa desmontar una casa de un familiar fallecido y que te asalten miles de recuerdos que La Casa, de Paco Roca.

La Casa (2015) de Paco Roca es una novela gráfica profundamente emotiva y autobiográfica que aborda temas universales a través de una narrativa íntima y costumbrista.
La muerte del padre es el catalizador de la historia. Los tres hermanos protagonistas se reúnen un año después de su fallecimiento para vender la casa familiar, enfrentándose al vacío dejado por su ausencia.
Nosotros solo somos dos hermanos, pero estuvimos viendo y recogiendo cosas de su casa. Mis padres vivían separados desde hace una década.
Mi madre no supo entender las normas básicas de la convivencia y volcó muchas de sus frustraciones vitales en mi padre. Mi padre tiene la inteligencia emocional de un cactus.
No hace falta maltrato ni violencia para arruinar un matrimonio. Basta con reproches constantes, silencios, huida y mala baba arrastrada y coagulada para aniquilar cualquier convivencia. Mi abuela se murió y el dique se rompió.
Roca explora el duelo no como un evento dramático, sino como un proceso silencioso y cotidiano, cargado de nostalgia y reflexión.

Cada hermano lidia con la pérdida a su manera: José (el alter ego de Roca) con introspección, Vicente con pragmatismo, y Carla con una mezcla de nostalgia y distancia.
No tengo realmente claro como lo ha procesado mi hermano, pero yo estoy muy racionalmente tristón. Completamente operativo, pero soy consciente de que esto es un antes y un después.
No estoy bien, pero estoy funcional. E la nave va. Hay que ser muy sociópata para pensar en uno mismo en un momento de duelo, no te cuento si es colectivo.
Los flashbacks muestran momentos compartidos con el padre, destacando su dedicación a la casa, lo que intensifica el peso emocional de su ausencia.
Objetos cotidianos, como un plato sucio o unas zapatillas, se convierten en símbolos del duelo, representando la vida interrumpida del padre.
Mi madre era una persona fascinante, dentro de sus sombras. Yo tengo todos los defectos de mi madre y ninguna de sus virtudes. Yo era de mi madre.
Tuvo un tío rico sin hijos que a pesar de que le dejó el grueso de su herencia a su sobrino predilecto, le dejó varias cosas, incluida una casa en el pueblo que mi madre hizo a su entera predilección. Pasear por esa casa es pasear por la cabeza de mi madre.
Mi madre era la persona más mañosa del universo. No solo cocinaba como ya le gustaría al puto Muñoz, sino que cualquier artesanía era una diosa: Petit point, punto de cruz, 3D, whatever the fuck you name it, no solo sabía hacerlo, sino que, pun intended, lo bordaba.

Todavía me estoy golpeando la cabeza por no haberle pedido pixel art en punto de cruz. Siempre ponía abajo una pequeña placa con su nombre. Esto lo he hecho YO.
Roca, inspirado por la muerte de su propio padre, canaliza su experiencia personal para universalizar el duelo, conectando con lectores que han enfrentado pérdidas similares. En entrevistas, menciona que necesitaba contar esta historia "en caliente" para ordenar sus sentimientos.
No es muy diferente de lo que yo estoy haciendo hoy aquí.
La memoria es un tema central, presentada como una lucha contra el olvido. La casa actúa como un contenedor de recuerdos, y cada objeto desencadena flashbacks que reconstruyen la vida del padre y la infancia de los hermanos.
Roca reflexiona sobre cómo el tiempo transforma las relaciones y los lugares. La narrativa alterna entre el presente (2015) y flashbacks de distintas épocas, usando colores ocres para el pasado que evocan una "pátina sepia".
Por ejemplo, una higuera o una manguera rota no son solo objetos, sino portales a momentos específicos que definen la relación con el padre.
Roca destaca en entrevistas que la memoria es una "batalla perdida" contra el olvido, pero digna de librarse.
Mi madre nunca me matriculó en nada. Nunca pudo estudiar. Yo trabajo desde los 18 años y manejo dinero desde entonces. No tenía ningún consejo que darme ni ninguna guía sobre skills valiosas para ser empleable en el futuro.
A mi madre fueron sus profesores a intentar convencer a mis abuelos de que valía para estudiar, que la mandaran fuera. Mi abuelo se negó, alegando que la única que se fue a estudiar fuera volvió puta (Embarazada).
Mi tío, su hermano, era el tonto de la familia. Hizo dos carreras y fue uno de los pioneros de la dactiloscopia en España.
Mi madre si que sufrió todas las discriminaciones posibles: Pueblo de la España profunda, mujer, early siglo XX, su tío adoptó a su primo y le hizo Ingeniero de Caminos. Ella se quedó de chacha de su tía.
Por su cuenta, se sacó el carnet de conducir, se hizo estheticienne, montó un negocio de venta de ropa, de bisutería... Yo me quejo del síndrome de Casandra, soy un puto gaylord.
La casa, como metáfora del padre, se convierte en un testimonio material de su existencia. Esta reflexión resuena con lectores que reconocen la fragilidad de los recuerdos y la inevitabilidad del cambio.
Roca examina las dinámicas entre los hermanos y su relación con el padre, marcada por amor, malentendidos y remordimientos. Roca aborda las "deudas imposibles de saldar" entre hijos y padres, como la incapacidad de expresar gratitud en vida.
Los hermanos, con personalidades distintas (José, introspectivo; Vicente, práctico; Carla, conciliadora), enfrentan tensiones al decidir qué hacer con la casa.
Los flashbacks revelan momentos de distancia con el padre, como su dedicación obsesiva a la casa en detrimento de la comunicación emocional.

Roca usa viñetas mudas para capturar silencios cargados de significado, como una escena imaginada por un lector donde padre e hijo comparten un momento sin palabras.
Mi padre es una buena persona, pero no tengo nada en común con él. Para el soy una desgracia. Nunca quise cazar con él, me fui de Telefónica, no entiende nada de lo que hago, me irrita sobremanera su tosquedad emocional.
El hecho de que me pareciera tanto al hermano de mi madre físicamente seguramente tampoco ayudó.
La obra conecta con la experiencia universal de reflexionar sobre lo que no se dijo o hizo con los padres. Roca, en El Confidencial (2025), señala que sus cómics son un medio para entenderse a sí mismo a través de la memoria familiar.
Roca es conocido por su habilidad para transformar lo cotidiano en reflexiones profundas. La nostalgia en La Casa no es sentimentalismo, sino una herramienta para explorar cómo los espacios y objetos cotidianos (un huerto, una pérgola) guardan la esencia de quienes los habitaron.
La casa de campo, construida por el padre como refugio familiar, es un símbolo de la vida humilde de muchas familias españolas. Cada detalle dibujado por Roca, como un olivo seco o una cisterna rota, evoca la infancia de los hermanos y la dedicación del padre.
La casa no es solo un escenario, sino un personaje que encarna la memoria, la identidad del padre y la familia. Roca la describe como una "proyección" del padre, un "esqueleto" que permanece tras su muerte.
La casa, llena de objetos impregnados de recuerdos, se convierte en un reflejo de la vida del padre. Al vaciarla, los hermanos sienten que están desmantelando su legado y el suyo propio.
La novela reflexiona sobre el legado que dejamos y cómo los hijos buscan reconciliarse con sus padres tras su muerte. Roca explora la necesidad de honrar a los progenitores, incluso cuando no se les comprendió en vida.
Este tema conecta con la experiencia de muchos lectores que, tras la pérdida de un padre, buscan formas de mantener viva su memoria. Roca, en La Voz del Interior (2022), subraya que la obra le permitió procesar su rol como hijo y padre.
Aunque La Casa se centra en la muerte de un padre, comparte con Ventiladores Clyde la exploración de la decadencia, la memoria y los espacios como contenedores de historia.
Mientras Seth usa la tienda de ventiladores para reflejar la relación entre hermanos y el declive de un negocio, Roca convierte la casa en un símbolo del legado paterno.
Ambos autores, como se ve en las reflexiones de Seth (El Periódico, 2019) y Roca (El Confidencial, 2025), usan el cómic para procesar experiencias personales, haciendo de lo íntimo algo universal.
La madre que me quiso. Turra limit hits. Vale ya de exhibición obscena emocional. Vamos a ponerle una coda digna.

Una obra maestra como La Casa habla de todo el proceso —pérdida, memoria, relaciones familiares, nostalgia, la casa como metáfora y el legado— y como todos los pasos se entrelazan para crear una obra que transforma lo cotidiano en una reflexión profunda sobre la vida y la muerte.
Otra joya que me ha venido mucho a la cabeza y de la que he hablado en ocasiones, es Fun Home: A Family Tragicomic (2006) de Alison Bechdel.
Aunque Fun Home se centra principalmente en la relación de Bechdel con su padre y su suicidio, la muerte de su madre (aunque ocurre después de los eventos principales de la obra) y su relación distante con ella son temas importantes en su continuación, Are You My Mother? (2012).
En Fun Home, Bechdel toca brevemente cómo la dinámica familiar, incluida la frialdad de su madre, influyó en su identidad y sexualidad.
En entrevistas, Bechdel ha explicado que la muerte de su madre, ocurrida años después de la de su padre, la llevó a profundizar en su relación con ella en Are You My Mother?.
En una entrevista con The New York Times (2012), Bechdel comentó que la pérdida de su madre fue menos inmediata que la de su padre, pero igualmente formativa, ya que la obligó a confrontar su necesidad de aprobación materna y su propia identidad como lesbiana.
Fun Home y su secuela fueron catárticas, permitiéndole a Bechdel desentrañar las complejidades de su familia y su lugar en ella.
En The New York Times (2012), Bechdel dijo: "Escribir sobre mi madre fue más difícil que escribir sobre mi padre. Su muerte no fue un evento dramático como el suyo, pero me hizo darme cuenta de cuánto necesitaba entenderla".
Aunque Ventiladores Clyde no aborda directamente la muerte de una madre, las reflexiones de Seth sobre la nostalgia, la pérdida y la memoria resuenan con los temas de estas novelas gráficas.
Seth, como se menciona en entrevistas (RTVE, El Periódico, 2019), usa la decadencia de la tienda de ventiladores y la relación entre los hermanos Matchcard para explorar su propia relación con el pasado y la familia, un proceso similar al de los autores mencionados.
Por ejemplo, su comentario en El Periódico sobre temer la pérdida de la memoria y la identidad conecta con las obras de Leavitt y Eates, que usan el cómic para preservar la memoria de sus madres.
Estas novelas gráficas ilustran cómo la muerte de una madre puede ser un catalizador para la exploración artística y personal.
He vuelto al gimnasio. Porque a mi madre le dobló su cuerpo, y no lo pienso tolerar en el 50% que yo controlo. Llevo dos años sufriendo su situación y ahogándome en trabajo. Mi hernia tampoco ayudó.
Hoy es sábado y me sentiré raro no teniendo que ir a verla. Pero aunque vaciamos su habitación de la residencia en silencio, me hace sonreír el pensar que a mi manera, mantengo su legado vivo cada vez que la menciono en los hilos turras.

"Uno no se muere hasta que lo olvidan" - Terry Pratchett #finhilo
P.D.I: Muchísimos de las mejores entrevistas y material sobre el mundo del comic viene de The Comics Journal, que coy leyendo de manera random desde hace unos veinte años. https://tcj.com
P.D. II: Hoy no hay libros. Llamad a vuestros padres. Si os han hecho daño, la edad os hará entender que a su manera imperfecta, lo intentaron.
P.D.III: Todo el mundo me dijo en el velatorio que sus momentos más felices fueron cuando les dejaba a mis hijas una semana en Septiembre y se dedicaba a exhibirlas por el pueblo. Así la recuerdo yo. A pesar de la vía. Siempre la puta vía.

